Desde hace años las sucesivas juntas directivas se han empeñado en ir poniendo en valor el culto y la atención de María Santísima de la Caridad. El cincuentenario de su bendición parecía una ocasión especialmente propicia para ello y, en el marco de la misma, varios cofrades coincidieron en la propuesta de celebrar una procesión extraordinaria.
La experiencia de la Cofradía en este tipo de procesiones con nuestra Cotitular no es muy amplia y esa siempre es una consideración que invita a la prudencia pero, al mismo tiempo, nuestra hermandad tiene la suerte de disponer de varios colectivos muy numerosos, que constituyen una excelente base a la hora de afrontar cualquier reto que sepa ilusionarlos. Se trataba, pues, de ser capaces de involucrar a estos colectivos y de abrirse al conjunto de la masa social columnera. La respuesta obtenida puede considerarse satisfactoria, si bien echamos en falta a muchos que, por motivos muy diversos, no estuvieron presentes.
La Junta Directiva presidida por Antonio Latorre dio los primero pasos en el seno de una comisión formada para organizar los actos del cincuentenario. El asunto de la procesión se sacó desde las primeras reuniones, donde fueron perfilándose algunas cuestiones: la procesión debería ser un sábado, iría precedida de una eucaristía y la forma de llevar a la Virgen sería a portadores —había ganas por ver a la Señora procesionando con la misma majestad con la que nuestro Cristo sale a la calle cada Jueves Santo—, aunque dando la posibilidad de colocarse bajo los varales a cualquier hermano.
Lo primero fue iniciar toda la tramitación oficial con el Obispado. El Hermano Mayor Antonio Latorre firmó la petición en la que ya se incluía la intención de realizar la Estación de Gloria en San Pablo. Así, se indicaba, “es igualmente intención de esta cofradía, si obtiene las oportunas autorizaciones, adorar al Santísimo Sacramento del Altar y venerar con filial devoción la memoria de su Bendita Madre y madre de todos los cristianos, ante la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de Úbeda.”
El engrandecimiento de su devoción y el interés por mostrar el compromiso con la Virgen de la Caridad llevaban al Hermano Mayor a afirmar “nuestra hermandad considera que la conmemoración de los cincuenta años de la fecha de la bendición y primera salida procesional de la imagen de Nuestra Señora de la Caridad, constituye un motivo de naturaleza extraordinaria de suficiente entidad como para solicitar la celebración de una procesión de gloria, en la que la cofradía se haga presente de manera corporativa en la ciudad ofreciendo a la veneración pública la imagen de su Cotitular.”
La petición se cursó en un momento delicado, cuando ya se habían producido las elecciones y se estaba a la espera del decreto de nombramiento de Antonio Rivero como nuevo Hermano Mayor. Por ello se incluyó en la petición una indicación de que la voluntad de efectuar una procesión extraordinaria era compartida tanto por la directiva saliente como por aquellos que deberían hacerse cargo del gobierno de nuestra hermandad.
Entre tanto se recibía la deseada respuesta, se fueron adelantando contactos y comenzaban a planificarse los actos. Para asegurar la máxima operatividad se tomó la decisión de que las discusiones de la comisión se basaran en un texto, a modo de ponencia, que permitiera centrar los trabajos y evitara olvidar nada de lo fundamental.

Aunque el esfuerzo de organización han alcanzado al conjunto de la Junta Directiva, obviamente algunas vocalías tendría un especial trabajo: Conservación y Patrimonio, Manifestaciones Públicas, Portadores, Bandas y Cultos.
Recibida la preceptiva autorización, lo primero fue asegurar la disponibilidad del trono. Lo que muchos deseábamos es ver a la Virgen bajo palio, pero el hecho de entrar en San Pablo condicionaba seriamente el número de tronos a utilizar. Además, la Señora había procesionado sin palio el pasado Jueves Santo y la posibilidad de verla de nuevo, desde una altura mayor de la habitual y con el manto más abierto, también presentaba sus alicientes. Las consultas y mediciones indicaron que la opción más viable era solicitar el trono de la Virgen del Carmen y hacer en él una serie de modificaciones que ampliaran el espacio disponible y permitieran al manto quedar suspendido sobre la cabeza de los portadores. Una vez se obtuvo la cesión, gracias a la gentileza y plena colaboración de la Cofradía de la Virgen del Carmen, un equipo se puso manos a la obra.
Fue un trabajo concienzudo que se completó con la confección de unas faldillas, confeccionadas de manera totalmente altruista por mujeres cofrades de nuestra hermandad, que nuestra Cofradía ha regalado a la corporación carmelitana como testimonio de agradecimiento. Además, en homenaje a la Titular de esta venerable hermandad, se quiso también que entre el tren de velas, en el frontal del trono, figurara una Imagen en miniatura de la Virgen del Carmen que un hermano ha regalado a nuestra Cofradía para que quede en su patrimonio como recuerdo de esta ocasión.
El Vestidor de María Santísima de la Caridad, Rafael Orozco, se enfrentó con resolución al reto de disponer la imagen sobre una estructura nueva (fue necesario hacer un armazón nuevo para variar la caída del manto). La Señora fue vestida con sus mejores galas, incluyendo la saya que se le regaló por el cincuentenario y que cuenta con un acabado discurso simbólico. Del exorno floral se encargó el conocido florista Paco Polo, que también suministró el centro que se colocó ante la Virgen de Guadalupe y las rosas ofrecidas a otras tantas imágenes marianas en San Isidoro y San Pablo.
En paralelo se iniciaron las gestiones con la Parroquia de Santa María y San Pablo y con la Real Archicofradía de Nuestra Señora de Guadalupe. En ambos casos la acogida de nuestra propuesta de desarrollar una Estación de gloria en el interior del templo fue cálidamente positiva. En el caso de la Real Archicofradía, la Hermana Mayor, Mariani Redondo, encargó a su Vocal de Cultos, Enrique Garrido, que se pusiera a trabajar con nuestra Cofradía para coordinar el desarrollo de la celebración. A unos y a otros debemos agradecerle especialmente el interés que se tomaron en que la Virgen de la Caridad pudiera llegar hasta el altar, para lo que fue necesario remover la mayor parte de los bancos de San Pablo. Tal empeño permitió a todos los presentes disfrutar de momentos inolvidables.
Aunque en un principio se consideró hacer coincidir la procesión con la Fiesta de la Virgen en mayo, la fecha finalmente elegida fue el sábado, 19 de junio, en horario de tarde-noche. Para esa elección se tomaron en cuenta varios factores: la mayor duración de los días en junio, la necesidad de distanciar la procesión de otro compromiso de singular importancia para la Cofradía (la presencia con una carroza en la Romería de la Virgen de Guadalupe) para no dispersar esfuerzos, así como evitar coincidir con otros actos como la Beatificación de Lolo en Linares que se celebró el fin de semana anterior e, incluso, con algún partido relevante del Mundial.

Por su parte, la Vocalía de Portadores convocó a sus miembros para informar de las previsiones de celebración de la procesión y solicitar la implicación de este colectivo. A esa reunión se citó también a los costaleros habituales de la Virgen. La Junta Directiva decidió que, en una ocasión como esta, el Capataz del trono no podía ser más que aquel que ha dirigido el paso del trono de Nuestra Señora durante muchos años, Gabriel Gómez Aparicio. El equipo de guías se completó con el Capataz del trono del Señor, Miguel Ángel Lorente, y con Antonio Moreno, Contraguía del mismo. Aunque la posibilidad de ser portador se abrió a todos los cofrades, no se establecieron ensayos, confiando en que la importante presencia de portadores del trono del Señor fuera garantía suficiente para una rápida compenetración, como así ocurrió.
Las que sí ensayaron de lo lindo fueron las dos bandas para poder estar en condiciones de acompañar a la Virgen en la fecha prevista con un nivel adecuado. La Banda de acompañamiento mostró un especial tesón por participar en la procesión y adaptó su repertorio con el mayor número posible de composiciones marianas. Pero aun con estos esfuerzos la impronta musical de lo que supone nuestra hermandad en la calle se hubiera quedado corta sin contar con una banda de música. En una fiesta a nuestra Madre tenía que sonar “Caridad” y finalmente sonó hasta en tres ocasiones. Además, con esta incorporación externa se buscó también interpretar algunas composiciones acordes con el carácter extraordinario de la procesión. Fue una decisión valiente, puesto que había dudas sobre si la coexistencia de dos bandas podría complicar el paso a los portadores. De hecho, se barajó la posibilidad de que la banda externa no acompañara en todo el recorrido, sino sólo en momento puntuales, pero las consultas efectuadas con varios peritos en materia musical y en el movimiento de tronos animaron a intentarlo. A juzgar por lo visto, oído y vivido, el resultado no pudo resultar más satisfactorio.
La Vocalía de Manifestaciones Públicas estableció el organigrama del guión, comprometió a los hermanos encargados de portar los diferentes atributos, revisó el itinerario, hizo frente a los imponderables de última hora.... Manuel López y Juan José Rivero, junto a un pequeño grupo de directivos, fueron lo encargados de establecer la planta de la Cofradía en la calle y de dirigir la procesión. Esta no era una procesión al uso, había que prever la rápida formación en el templo, materializarla en pocos minutos, una entrada en San Pablo y una segunda formación de guión para cubrir el camino de vuelta. Teníamos en realidad dos salidas y dos entradas en que todo tenía que estar pautado, para no correr el riesgo que más temíamos: el desconcierto.
En atención a estas circunstancias se consideró imprescindible contar con un documento que fuera detallando qué tenía que suceder en cada momento y qué le correspondía hacer a cada uno. El citado documento, que alcanzaría en su versión definitiva las 31 páginas, se encargó de determinar la posición exacta de cada atributo, del trono o de las personas que habría de figurar en la presidencia y de establecer una ordenada sucesión de los diversos actos. Para su preparación se partió también de un texto base, que fue el resultado de una reunión de trabajo con diversas vocalías y otros responsables, y que la comisión del cincuentenario examinó de manera detallada. Con todas las aportaciones efectuadas se cerró la versión final del texto que fue circulada a todos los responsables.
El Vocal de Portadores, Nicolás Cobo Sánchez, comprometió a diversos hermanos para integrar el que quedará como primer cortejo litúrgico de la hermandad. El mismo estuvo integrado por el propio Nicolás Cobo, Antonio Calvente, Alejandro Moro y Javier Pulido (hijo) como acólitos ceroferarios, Natividad Calvente como Pertiguera, Ana Belén Rus y Juan Antonio Moreno, como acólitos turiferarios. Los trajes y enseres necesarios fueron prestados por las Cofradías de la Virgen del Carmen, Virgen de Gracia, Sentencia y Jesús Nazareno. Ante un equipo de neófitos se consideró necesario hacer un ensayo que se produjo la noche del viernes 18 de junio. En él hemos de agradecer la asistencia y los valiosos consejos de dos de los pertigueros más experimentados de Úbeda, José Ángel Molina (V. de Gracia) y Santiago Muñoz de la Torre (Sentencia).
Una cuestión que se quiso cuidar especialmente fue todo lo referente a las oraciones y moniciones empleadas en la eucaristía y en la procesión. Se pretendió que fueran oraciones especialmente redactadas para la ocasión, que tuvieran una fuerte carga emocional y devocional, que fueran algo muy propio de nuestra forma de sentirnos hijos de María. En las crónicas que anteceden a esta figuran las que fueron empleadas en los diversos actos, pero no la totalidad de las que se prepararon. De hecho, como era imposible determinar qué Cofradías y entidades saludarían a la Señora en el curso de la procesión, se optó por preparar una oración breve para cada una de ellas. En total 21 oraciones, de las que 11 se emplearon finalmente, en la mayor parte de los casos precedidas de un Ave María y pronunciadas por el Hermano Mayor, Antonio Rivero, ante el trono de María Santísima de la Caridad en presencia de la corporación en cuestión.
El otro acto que se cuidó con esmero fue la Estación de gloria. Se quería llevar a cabo un acto potente, que tuvo alguna sorpresa de última hora, en concreto la exposición del Santísimo, dado que la idea inicial era hacer la adoración ante el Sagrario. Este fue un regalo que nos hizo D. José Araque y que intensificó la relevancia y significación de la celebración. Las marchas elegidas para la salida y la entrada de nuestra Cotitular en San Pablo “Encarnación Coronada”, que permitió a los presentes sumarse a la composición cantando la popular oración con la que concluye, “VI Centenario” y “Caridad” buscaron crear un clímax: La Virgen entra en San Pablo a los sones de una alegre marcha que la reconoce con la Madre del Verbo encarnado, precisamente cuando Ella se va a encontrar con su Hijo presente bajo la especie sacramental. La salida es un homenaje a María de Guadalupe, que responde a su hospitalidad y es un reconocimiento del lema de la Real Archicofradía «Tu eres el orgullo de nuestro pueblo». Con “Caridad” nuestra Madre volvía al itinerario de su procesión, tras el paréntesis de la Estación de gloria, en la que había cedido el protagonismo a la Sagrada Imagen que compendia todo lo mejor de la devoción mariana ubetense.
En la oración central de la parte dedicada a honrar a María bajo todas las advocaciones de la Semana Santa ubetense, los cinco cofrades que junto al Hermano Mayor —que hizo lo propio a los pies de la Virgen de Guadalupe—, depositaron las rosas ante las Sagradas Imágenes presentes en el templo fueron el Vicehermano Mayor, Salvador Marín (ante la Santísima Virgen de los Dolores), el Administrador Nicolás J. López (ante Nuestra Señora de la Esperanza), los vocales de Manifestaciones Públicas Manuel López (ante Nuestra Señora de la Fe) y Juan José Rivero (Ante Nuestra Señora de Gracia) y el Vestidor Rafael Orozco (ante María Santísima de Nazaret).
En la parte administrativa, la Secretaría de la Cofradía, a cargo de Fernando Campos, se encargó de gestionar las diversas comunicaciones al conjunto de los hermanos, a los colectivos, así como las invitaciones a otras Cofradía y entidades y todo lo referente a la precedencia en la numerosa presidencia de los actos. A Fernando le cupo también la “misión imposible” de mantener la luz del trono, en una noche en que los ariscados aires de la ciudad de los cerros no quisieron perderse la procesión.
Al Administrador, Nicolás Jaime López Medina, le tocó trabajar por partida doble: en sus tareas habituales (gestión de cera, flores, colecta de donativos extraordinarios, etc.). más en las no menos habituales como Webmasters del portar virtual de la Cofradía. Este fue el medio para ir desvelando de forma muy medida la información sobre los diversos actos. También se encargó de preparar un díptico para solicitar de los vecinos del recorrido procesional que engalanaran sus balcones.
Esta crónica podría hacerse mucho más larga recogiendo junto a estos trabajos organizados decenas de iniciativas individuales: las de Rubén Herrador o Javier Pulido (padre) que viajaron desde donde se encontraban para estar con su Madre ese día; la de Pedro Ruiz, el redoblador de la Banda de cabecera, vigilando con solicitud constante a sus jóvenes tambores para que no se les desmandaran durante los ensayos; la de los vocales de banda, que tuvieron a punto a sus colectivos dándole las entrada y salidas del guión en los momentos precisos... Tantos y tantos cofrades que quisieron y supieron estar a la altura y cuyos tributos de cariño para con la Reina de la Caridad quedarán en la intimidad de su amoroso corazón de Madre. A todos ellos, gracias en nombre de nuestra Cofradía.
Un aficionado a las estadísticas podría sumar pacientemente las horas que todo este trabajo de personas muy diversas implica. Con toda seguridad la suma acumulada ascendería a una cifra de varios miles de horas. Es el esfuerzo necesario para poner a una cofradía en la calle, para festejar como se debe las “bodas de oro” con María de la Caridad. Es el regalo de mayor valor, porque está hecho de renuncias y de ganas de agradarla. Los que participamos en ese sueño hecho realidad nos dimos por pagamos contemplando en la Señora avanzar solemnemente por las calles de Úbeda, sintiendo lo que pudimos sentir y viviendo lo que nos fue dado vivir. De este modo, porque amor con amor se paga, Ella comenzó a pagarnos desde aquella misma noche. ¡VIVA LA VIRGEN DE LA CARIDAD! |