PROCESIÓN EXTRAORDINARIA DE LA CARIDAD (II):

ORGANIZACIÓN Y SALIDA

 

En una ocasión propicia para las innovaciones, nuestra Cofradía se enfrentaba a un reto muy singular: no teníamos gran experiencia en organizar nuestra procesión para que saliera desde el templo. Ciertamente los números de esta procesión extraordinaria no eran los de un Jueves Santo, pero resolver la ecuación de cómo organizar un cortejo numeroso tras una celebración pública tenía su miga.

Nada más acabar la misa y mientras nuestro capellán se retiraba a la sacristía, a cambiar la casulla por la capa pluvial, blanca en honor de María Santísima, se dieron desde el ambón algunas instrucciones.

Todo se organizó con fluidez, la Cruz de Guía salía por la puertas pasados escasos minutos de las 9 de la noche y menos de un cuarto de hora después de concluida la misa. El equipo de directivos tuvo que hacer encaje de bolillos para organizar las bandas, distribuir los atributos, entregar la cera, mover bancos....

En paralelo, en uno de los laterales del templo se cuadraba la cuadrilla de portadores, a la que se sumaron más de 60 hermanos y hermanas, la mayor parte de ellos portadores del Cristo, junto con algunas personas que tuvieron que dejar su puesto bajo los varales pero que ese día quisieron volver a ellos para tener la experiencia de llevar a la Madre de la Caridad. No fue esta una circunstancia que se produjera sólo con los portadores, también entre los integrantes de las bandas había hermanos que habían dejado de tocar y que retomaron el tambor o la trompeta para llenar de sonidos el caminar de la Señora por la ciudad de los cerros.

 
 

Al tiempo, en el otro lateral de San Isidoro y en la sacristía se formaban  las presidencias, siguiendo un orden de precedencia bien establecido: En primer lugar figuraban el Vestidor y representantes de varios de los colectivos que integran la Cofradía. Tras estos se situaron los representantes de la Cofradía de la Columna de la ciudad de Baeza, con su Hermano Mayor, Bartolomé García al frente.  La tercera línea estaba integrada por los hermanos mayores eméritos Pedro Fuentes Martos, José Rodríguez Cañas y Antonio Latorre (bajo cuyo mandato se iniciaron las celebraciones del cincuentenario), flanqueados por la Hermana Mayor de la Virgen del Carmen y por el Hermano Mayor del Grupo Parroquial de San Isidro. La última línea de la presidencia  correspondió al Hermano Mayor en ejercicio, situándose a su derecha por la Hermana Mayor de la Real Archicofradía de Nuestra Señora de Guadalupe y a su izquierda Francisco Luis Sáez Aparicio, Presidente de la  Agrupación Arciprestal. El Administrador de la Unión de Cofradías de Semana Santa junto con el Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias en el Descendimiento de Cristo completaban la línea final.

 
 

Después de meditar mucho sobre la cuestión, la Cofradía optó por no extender una invitación general a las restantes Cofradías de Úbeda, para no obligar a acudir a quienes no tuvieran intención de hacerlo por propia voluntad. El discurrir de los actos demostraría que ese mensaje fue bien entendido por todos y no impidió que muchos quisieran sumarse a la celebración.

Mientras el templo se vaciaba se vivió el auténtico prólogo de la procesión. Como no podía ser de otro modo, este consistió en una oración a María, pero en este caso a María de las Angustias, ante su altar. De este modo se quería significar desde el primer momento que esta era una festividad en honor de la Madre de Dios, por encima de las advocaciones con las que nuestra piedad la nombra. Antonio Rivero tomó una de las 6 rosas en su plenitud que estaban expuestas en una bandeja y se dirigió con todos los integrantes de la presidencia, ante la Imagen que tallara el granadino Nicolás Prados López, para rezar una Ave María y recitar la siguiente oración:

“Madre Nuestra de las Angustias: Míranos siempre con compasión y, en el día de nuestra muerte, acógenos amorosamente en tu seno, como lo hiciste con tu Divino Hijo Jesús.  AMÉN.”

Los portadores asistieron también a este acto y comenzaron a comprender la función que tenía aquella bandeja con rosas que portaba una niña vestida de acólito, con una muceta color cardenal y el escudo de la Cofradía: eran los tributos de afecto que habrían de ser puesto a los pies de las imágenes marianas que la Cofradía se las encontrase en su itinerario procesional. 

 
 

Entre tanto el cortejo estaba ya en la calle y el tramo litúrgico comenzó a avanzar por la nave de la iglesia. La Banda de acompañamiento aguardaba expectante. El honor de la primera levantá correspondió a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Pasión, en la persona de su Hermana Mayor, Tiscar Martínez. Tras esto Gabriel Gómez, auxiliado por Miguel Ángel Lorente y Antonio Moreno, se hizo cargo de la tarea y comenzó a acercar a la Madre de la Caridad a la puerta sur de San Isidoro.

 

 

Alrededor de las 9 y 10 minutos la marcha “Caridad”, sonaba por segunda vez, anunciando en esta ocasión  al numeroso público que la Señora se disponía a salir de su casa. El final de la marcha marcó el inicio de la oración conmemorativa de la bendición de la Sagrada Imagen, el Jueves Santo de 1960, en aquel mismo lugar. Esta oración no pudo seguirse bien puesto que un inoportuno pisotón destrozó el cable de conexión del micrófono momentos antes del acto. Con todo hay que hacer notar que Don Robustiano se empleó a fondo para que se escuchara lo mejor posible.

La oración, especialmente preparada para la ocasión, como la práctica totalidad de las que se emplearon a lo largo de la noche, decía así:

“Madre Santísima de la Caridad:

Hace 50 años en este mismo sitio, por la gracia del Espíritu,  la madera fue elevada a la condición de objeto de amor y devoción. Desde entonces generaciones de cofrades se han puesto bajo tu amparo protector y han aprendido a ver en tu rostro la imagen de su Madre celestial.

Hoy queremos decirte: ‘Gracias Madre’. Gracias por quedarte con nosotros; gracias por hacernos presente el ejemplo perfecto del seguimiento de Cristo; gracias por mostrarnos con tu advocación cuál es nuestra primera obligación por llamarnos cristianos. 

Señora nuestra, en este momento solemne, elevamos ante ti nuestras súplicas por los que en todo este tiempo se han tenido por hijos tuyos; por lo que alguna vez, atribulados, han acudido a ti en busca de consuelo. Acuérdate de ellos e intercede para que se mantengan en la amistad del Padre.

Protégenos, Bienaventurada Virgen  María, y protege a quienes han de venir detrás de nosotros: Los que todavía no existen, los que un día se pondrán delante de tu Sagrada Imagen y te contemplarán emocionados, como nosotros ahora.

Tú que eres medianera de todas las gracias, pide a tu Divino Hijo que nos mantenga siempre unidos alrededor suyo, como la Gran Familia de la Columna que aspiramos a ser.

Ayúdanos a comprender la grandeza del mensaje de entrega que representas, su vigencia por encima de las modas y del cambio de los tiempos. Mantennos en la espera confiada de la segunda venida de tu Hijo, cuando la  caridad alcance su definitivo triunfo. 

 

Acoge también esa súplica particular que brota del corazón de cada uno de los que aquí estamos o de los que, muy a su pesar, no han podido venir a verte.

Permítenos, Señora, festejar hoy tu maternidad universal, fraternalmente unidos a todos los cofrades y devotos de Úbeda y a todo el orbe católico, y guárdanos siempre en tu favor.

Todo esto  te lo imploramos por tu Hijo Jesucristo, a quien adoramos como Señor del Universo y en quien reconocemos a un solo Dios, en unión con el Padre y el Espíritu. Así sea.”
 
 

A la oración le siguió el rezo de un Ave María, que se fundió con el sonido a gloria de las campanas que quisieron también estar presentes desde la cercana espadaña, como un homenaje más. Los pétalos de rosa comenzaron a volar desde los balcones y la procesión inició su itinerario. Muchas horas de trabajo, los desvelos de muchos hermanos se estaban haciendo realidad en ese preciso momento... 

 
 

Texto: Bartolomé José Martínez García

Fotos: Eugenio Santa Bárbara (www.cruzdeguia.org)