RESUMEN DE LA PROCESIÓN EXTRAORDINARIA DE MARÍA SANTÍSIMA DE LA CARIDAD
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Cuando había trascurrido apenas una hora del domingo 20 de junio, y el Hermano Mayor clausuraba en San Isidoro los actos del cincuentenario de la Bendición de la Imagen de Nuestra Madre la sensación general era de alegría y satisfacción. Fueron 5 horas apretadas de sentimientos y emociones que se desarrollaron a un ritmo vertiginoso y que comenzaron, sobre las 8 de la tarde en el templo de San Isidoro con una solemne eucaristía solemne que constituía el primer e importante jalón de las celebraciones.
En la Misa, cantada por los fieles apoyados por música de órgano, nuestro Capellán dedicó su homilía a glosar la grandeza de María como discípula perfecta. Tras la comunión la Santísima Virgen de la Caridad recibió su primer regalo, un pañuelo procesional ofrecido por la Hermandad del Santísimo Cristo de la Pasión y que la Sagrada Imagen llevará (D. m.) el próximo Jueves Santo. |
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La salida procesional se organizó con bastante rapidez. El prólogo de la misma fue una visita de toda la presidencia al altar de la Virgen de las Angustias, para rezar una oración y depositar una rosa a sus pies. |
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Al asomarse la Virgen a la Puerta fue recibida a los sones de su marcha “Caridad”, mientras sus portadores se fundían con los varales en el inicio de su camino por las calles de Úbeda. Una oración recordó el momento de la bendición de la Sagrada Imagen en el mismo lugar en que se produjo el Jueves Santo de 1960, tras lo cual las campanas comenzaron a tocar a gloria en honor a la Reina de los cielos y sobre la Señora comenzaron a caer pétalos de rosa. |
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El cortejo procesional avanzó hasta la plaza de Andalucía, por la calle Mesones y descendió por el Real. Parte de esa calle fue recorrida a los sones de la popular marcha “Caridad del Guadalquivir”, lo que produjo el deleite del mucho y que los portadores se sintieran transportados y mimaran el paso de la Madre, como queriendo que se eternizase el tiempo bajo los varales.
Con este ambiente y algún retraso acumulado, la Virgen recibió el homenaje de la Cofradía de la Caída, en la confluencia del Real con María de Molina. La entrada en San Pablo se dilató, dado que las obras en la calle Roque Rojas impidieron acceder directamente a la Puerta de los Carpinteros, lo que obligó a bordear el templo paulino, aunque al mismo tiempo permitió que la Madre de la Caridad fuera recibida de forma dignísima por una nutrida diputación de la Real Archicofradía ante las gradas de la Puerta principal de la iglesia. |
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Junto a la Puerta de los Carpinteros aguardaban las representaciones de cuatro de las cofradías radicadas en el templo (Santo Entierro, Humildad, Oración en el Huerto y Virgen de Gracia) que también quisieron hacerse presente en el acto que estaba a punto de comenzar. Hasta las campanas del centenario templo quisieron sumarse a la fiesta con un prolongado y vibrante repique de gloria.
Precedida de todo el cortejo y las diputaciones que la esperaban, la Señora entró bajo los sones de la conocida marcha “Encarnación Coronada”, que fue cantada por los presentes, mientras el trono avanzaba hasta la cabecera del templo para quedar ubicado frente la Virgen de Guadalupe. Tras esto se expuso el Santísimo y se hizo la adoración eucarística, que concluyó con la bendición solemne, mientras en el templo resonaba el tañido ceremonial de la campana de la Cofradía, el único objeto que la misma posee desde el año de su fundación. |
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A continuación se veneró la memoria de la Bienaventurada Virgen María, ante la Patrona de la Ciudad. Una joven hermana leyó en nombre de todos los cofrades una oración que contenía una letanía con todas las advocaciones marianas de Úbeda, y acababa con el nombre que las resume y las compendia a todas: “María de Guadalupe”. Mientras se recitaba esta oración el Hermano Mayor ponía un centro de flores blancas ante Nuestra Señora del Gavellar, al tiempo que 5 hermanos acudían antes las cinco imágenes marianas existentes en el templo para depositar a los pies de cada una rosa blanca.
Cuando concluyó este acto, con la oración de acción de gracias que elevó el Hermano Mayor, las cofradías pasionales presentes ofrecieron flores a Nuestra Señora de la Caridad junto a diversos presentes conmemorativos.
El acto concluyó con la salida del cortejo y la partida de la Reina de la Caridad, a los sones de la marcha “VI Centenario”. Un momento más donde las lágrimas de muchos afloraron o fueron reprimidas con duros esfuerzos. A la salida del templo la Señora escuchó de nuevo los acordes de su marcha oficial y se encaminó de vuelta a San Isidoro.
El camino de retorno estuvo también lleno de momentos entrañables. Varias levantás ordenadas por los representantes de las Cofradías y entidades invitadas a figurar en la presidencia, por los hermanos mayores eméritos, por el Vestidor, por un emocionado Julián Moreno... La Virgen entró por la calle Muñoz Garnica a los sones de la marcha de la Unión de Cofradías y fue cumplimentada por la misma a las puertas de la “Casa de Cofradías”. Pocos metros más allá, otra petalada honraba a la Señora y, casi al final de la calle, la tertulia “La Arpillera” vestía la puerta de su sede de gala para saludar también a María de la Caridad. Allí se rezó especialmente por los costaleros de todas las cofradías.
La llegada al Claro Bajo dio lugar a que la Virgen fuera saludada por la Banda de cabecera con una de sus marchas más conocidas, mientras que la Banda de acompañamiento se reservó el honor de interpretar la Marcha Real, momentos después de que el Capellán de la Cofradía diera el golpe ejecutivo con el martillo que mandaba encarar el paso para devolver al estuche de San Isidoro a la joya más preciosa. |
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La procesión había concluido y, al poco, todo parecía casi un sueño. No obstante, el perfume del incienso y de las rosas lanzadas que todavía quedaban sobre el trono atestiguaban para los sentidos que María Santísima de la Caridad había procesionado en gloria por las calles de su ciudad, para alegría del corazón de sus fieles y devotos.
Hasta aquí la crónica general de lo acontecido, pero el día dio para mucho más. Por eso en las próximas fechas irán apareciendo en este medio crónicas más detallada de los distintos actos, que incluirán las distintas oraciones utilizadas para que quienes lo deseen puedan disponer de ellas y revivir lo acontecido |
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Texto: Bartolomé José Martínez García
Fotos: Eugenio Santa Bárbara
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