PROCESIÓN EXTRAORDINARIA DE LA CARIDAD (V):

LA VUELTA A SAN ISIDORO

 

Después de la Estación de gloria la procesión se encaminó de nuevo hacia San Isidoro. Durante los trabajos de planificación existía preocupación por el hecho de que, habida cuenta de la hora, esta fase de la procesión se viera más deslucida. Ciertamente se produjo una merma de público e incluso de guión, pero el tono emocional no disminuyó un ápice en todo el recorrido, más bien todo lo contrario.

 
 

Esta fase dio lugar a otra visión más recoleta, en el marco de la cual fueron varios los momentos que alcanzaron gran intensidad y significación.

Mientras el trono de la Virgen rodeaba el Paseo del Primero de Mayo (Paseo del Mercado), el Hermano Mayor inició una amplia ronda de reconocimientos, invitando al primer representante de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Columna y María Santísima de las Lágrimas de la hermana Ciudad de Baeza, a elevar el trono de la Señora. Ambos Hermano Mayores oraron ante la Virgen de la Caridad, leyendo luego Antonio Rivero el texto que reproducimos:

“Señora y Madre nuestra de la Caridad, Virgen de las Lágrimas: No nos dejes de tu mano en las tribulaciones, y enjuga el llanto de nuestros corazones con tu presencia y tu ejemplo de primera discípula de Jesucristo.  AMÉN.”

A continuación comenzaron a desfilar ante la Virgen para dar los golpes del martillo que el Capataz les iba ofreciendo los Hermanos Mayores Eméritos presentes, por el orden de su antigüedad en el cargo. “Gracias por permitirme vivir esto”, —murmuraba Antonio Latorre, mientras retomaba su lugar en el cortejo.

De este modo la Sagrada Imagen llegó a la altura de la calle Muñoz Garnica, en la que, delante de la Casa de Cofradías, era esperada por la  Directiva de la Unión, encabezada por su Vicepresidente, F. Jesús Casas Escalzo, que portaba la bandera de dicho organismo. La Banda de música comenzó a interpretar el Himno de la Unión de Cofradías, mientras se depositaba un ramo de flores delante de la Madre de la Caridad y Antonio Rivero leía y entregaba la siguiente oración:

“Reina de la Caridad: Mira con bondad a todos tus hijos cofrades de Úbeda. Ayúdanos a actuar unidos, para poder así dar el ciento por uno de los dones con los que hemos sido bendecidos. Mantennos, Señora, fieles a Jesucristo, cuya pasión, muerte y resurrección conmemoramos cada año. AMÉN.”

 
 

El Administrador de la Unión, José Antonio Olmo, que formaba parte de la presidencia fue el encargado de levantar el trono. En sus palabras a nuestro Hermano Mayor se reconoció honrado por haberle correspondido participar en esta Procesión extraordinaria e intensamente conmovido como cofrade y como cristiano. “Llegué a casa contento por haber participado en unos actos de esos que dejan huella” —nos comentaría después.

Al compás de la Marcha de la Unión la procesión continúo su recorrido, pasando ante la campana del trono el Presidente de la Unión Arciprestal, Francisco Luis Sáez, y el Vestidor de la Virgen, justo después de desde los balcones de su casa familiar la Señora llovieran nuevamente pétalos de rosa al paso de la Señora.

 
 

Antes de alcanzar la calle Ancha, la tertulia cofrade “La Arpillera” quiso también sumarse a los actos de homenaje y devoción. Sus integrantes aguardaron a la Señora y engalanaron con motivos columneros la puerta Tras el Ave María de rigor, obsequiándola con un ramo de flores y un cartel que en este año recogía una instantánea de nuestro sagrado Titular saliendo por la Puerta de San Isidoro. La suplica en este caso se elevó por todos los costaleros de Úbeda, que son los pies con que Jesús y de María llegan hasta su pueblo durante la impresionante catequesis plástica de cada Semana Santa.

 

 

Casi llegando a la plaza le tocó el turno a la Hermana Mayor de la Venerable Cofradía de la Virgen del Carmen, Juani Sierra Martínez. La Oración elevada ante Nuestra Señora en aquella ocasión decía así:
   
“María Santísima de la Caridad, Virgen Bendita del Carmen: Ayúdanos a seguir con perseverancia la senda de la fe, permítenos agarrarnos a ti cuando nuestros fuerzas no sean bastantes y concédenos alcanzar algún día la cima de la intimidad con tu Hijo Jesucristo. AMÉN.”

Un poco más arriba, justo bajo los pies de la torre del reloj, en la que campeaba la fotografía con la imagen de la Caridad y la leyenda “Regina Coeli”, los portadores quisieron que Antonio Rivero elevara el trono. Este emocionó a los presentes al ceder ese honor a un hermano que debe ser operado prontamente, rogando a nuestra Madre que lo protegiera y nos lo devolviera con bien.

 
 

Las levantás continuaron con la dedicada al Grupo Parroquial de San Isidro y a la Cofradía de la Virgen de las Angustias, que se quisieron dentro del límite parroquial y prácticamente ya a la vista del templo que nos hermana. Entrando en el Claro alto, se pidió a Julián Moreno que diera los golpes ejecutivos para que el trono con la imagen de nuestra bendita Madre prosiguiera su avance. Tras hacerlo, en medio de una gran emoción, por las frases de cariño de varios portadores nuestro querido Julián se quedó hasta ver pasar el trono completamente y entonces, en un gesto entrañable, todos los portadores de la fila más próxima fueron estrechando su mano enguantada.

La Señora se iba acercando a la puerta que la vio salir unas horas antes. Allí la Banda de cabecera le dedicó una marcha. En realidad todas las marchas interpretadas por ambas bandas durante el recorrido habían estado dedicadas a Ella. Pero sus componentes querían poder mirarla a la cara, mientras desgranaban sus notas. “Yo iba tocando y miraba las caras de la gente, veía lo mismo que cada Jueves Santo, pero mirarla moverse fue muy fuerte. Llevo veinte años entre bandas que pasaron delante de mí en ese momento” —nos confesaba Antonio Muro.

La Cofradía pidió a D. Robustiano Gallego que diera los últimos golpes de campana para elevar el paso camino del interior del templo y la Banda de acompañamiento interpretó la Marcha Real.

 
 

Cuando el trono fue depositado en el lugar que ocupaba al principio de los actos, nuestro Capellán nos dedicó unas palabras glosando la  hermosura del gesto realizado hacia nuestra Madre y las muchas vivencias que podemos sacar del mismo. A continuación se rezó la oración que la Cofradía tiene dedicada a su Cotitular, cuyo texto conocido por muchos reproducimos no obstante, para que esta crónica sea completa:

“Oh Santísima Virgen, venerada por esta Cofradía con el título de la Caridad:  A ti acudimos fervorosos para que, como mediadora que eres de todas las gracias, nos alcances del Señor la gracia de que nuestros corazones se caldeen en el fuego del amor y de la caridad.

Que amemos a Dios con amor inmenso y que, por amor a Dios, amemos también con amor sobrenatural a todos nuestros hermanos, principalmente a aquellos que más lo necesiten. Haz que limpiemos nuestros corazones del egoísmo que todo lo infecciona y que en nuestro orar y en nuestro obrar ocupen el lugar preferente las necesidades espirituales y temporales de nuestro prójimo.

Así seremos hijos tuyos, hijos de tu dolorido y amoroso corazón, e hijos de tu divino Hijo Jesús, que nos amó hasta la muerte y nos dejó el mandato de amarnos los unos a los otros como Él nos ama. Por Cristo Nuestro Señor, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina, por los siglos de los siglos. AMÉN.”

El Hermano Mayor concluyó clausurando, —“Con tu venia, Señora”— los actos del cincuentenario de la bendición, agradeció a la Virgen que nos hubiera permitido vivirlos y le rogó que protegiera a todos sus hijos de la Cofradía. “Que Ella os lo pague”, dijo dirigiéndose a todos los presentes, después de agradecer su compromiso y participación.

Pasaban pocos minutos de la 1 de la mañana del domingo, 20 de junio de 2010, duodécimo del tiempo ordinario. La siguiente cita, programada para ese mismo sitio y apenas 10 horas más tarde, era la habitual Misa del Tercer Domingo de este mes de junio. Una fecha que, a buen seguro, quedará en la historia de nuestra hermandad y en el recuerdo de quienes vivieron los actos de los que estas crónicas han pretendido dar cumplida cuenta. 

 
 

Texto: Bartolomé José Martínez García

Fotos: Eugenio Santa Bárbara (www.cruzdeguia.org)