PROCESIÓN EXTRAORDINARIA DE LA CARIDAD (IV):

ESTACIÓN DE GLORIA

 

En la anterior crónica dejamos a la Señora a punto de traspasar la Puerta de los Carpinteros, mientras sonaban las notas de la marcha “Encarnación Coronada” —como señaló Paco Moro, acabada la procesión, “se ha demostrado que un paso a portadores puede andar con cualquier formación musical”— y las campanas de San Pablo se sumaban a la alegría del momento. Desde dentro de la iglesia se cantaban los compases finales de la marcha, que contienen una popular Ave María, mientras todo el mundo seguía las evoluciones del trono para alinearse con la puerta.

La experiencia musical se repitió acrecentada con la Virgen ya dentro, cuando la composición sonó por segunda vez. El avance de la Reina de la Caridad por el pasillo central hasta las gradas del altar se hizo a los alegres sones de esta marcha de Abel Moreno, estrenada en 1994. Su emocionante final fue el marco musical con el que el trono péndulo hasta quedar enfrentado al de la Virgen de Guadalupe, situándose precisamente delante de la reja de la “Capilla de la Encarnación o de los Sanmartines”, en cuya parte alta el Maestro Bartolomé forjara a la Señora en una hermosa estampa. Los portadores cantaban con buen tono mientras iban ejecutando la delicada maniobra hasta que esta concluyó.

 
Entrada de María Santísima de la Caridad a San Pablo
 

Es de justicia agradecer el mucho interés puesto por la Real Archicofradía en que la Virgen de la Caridad llegara hasta el altar, para lo que resultó necesario remover gran parte de los bancos de la iglesia.

En el altar se habían situado la presidencia completa, la diputación de la Real Archicofradía,  el Párroco de Santa María y San Pablo,  D. José Araque, el Capellán de nuestra hermandad, D. Robustiano Gallego,  el cortejo litúrgico y los principales enseres procesionales. Las Cofradías que quisieron sumarse al acto permanecieron a los pies del altar, quedando situadas las banderas de la Columna y la Real Archicofradía también en esa zona.

 
 

La estación de gloria comenzó con una adoración eucarística. Como un regalo especial a la Madre de la Caridad y a toda su Hermandad, Jesús Sacramentado fue expuesto solemnemente en una bella custodia de traza neogótica, momento en que, tras tres golpes de la Pertiguera, comenzó a cantarse el himno Pange lingua y los presentes se pusieron de rodillas.  A esto siguió la lectura de una oración, cuyo texto rezaba:

Señor sacramentado: Nuestro caminar en esta noche solemne nos ha traído hasta Ti, principio y fin de todas las cosas, para que tu presencia en el pan eucarístico y tu cercanía colme nuestros  corazones y avive en nosotros el fuego de tu amor. Quienes nos hemos unidos como hermanos en torno al momento de tu flagelación, fraternalmente unidos al resto de los cofrades aquí presentes, queremos renovar públicamente nuestro testimonio de que verdaderamente creemos en tu presencia entre nosotros; queremos decirte que te adoramos como  Señor de los cielos y de la tierra y queremos también proclamar que eres Dios, junto al Padre y al Espíritu Santo. Permítenos, Señor, acercarnos a ti y recibirte siempre con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu Santísima Madre y madre nuestra. AMÉN.  

Un nuevo canto litúrgico introdujo el momento culminante de la bendición con SDM, en la que sólo se escuchó el tañido solemne de la campana procesional de nuestra Cofradía, el único elemento que se conserva desde el año de la fundación, mientras las banderas presentes y los banderines de ambas bandas se inclinaban en señal de adoración.

Cuando el Santísimo quedó nuevamente reservado, D. José Araque dirigió a todos los asistentes unas sentidas palabras de salutación y bienvenida, en las que expresó su deseo de que una próxima celebración, el 75 aniversario, dé ocasión para repetir un acto de esta naturaleza. 

A continuación, dentro ya de la parte dedicada a venerar la memoria de la Bienaventurada Virgen María, se procedió por el mismo sacerdote a la proclamación del Evangelio. El pasaje elegido fue el de la visitación de María a su prima Santa Isabel (Lc. 1, 39-56). Con él se quiso recordar a un tiempo la condición de María como primer sagrario de la historia, así como rememorar el bellísimo canto del Magnificat, que es una alabanza a Dios que resalta la singularidad de su Madre en la historia de la salvación.

A la lectura le siguió la recitación de una oración por parte de la joven cofrade María José Muro, que recibió su medalla como hermana de pleno derecho en la pasada festividad de la Virgen de la Caridad, en representación de todas las generaciones de hermanos de la cofradía.

La oración quería insistir en uno de los puntos centrales de la celebración, el de festejar a la Virgen por encima de los particularismos, de ahí que su texto aludiera a todos los nombres de la Vírgenes con devoción en Úbeda:

“Santísima Virgen de Guadalupe: Nuestros mayores quisieron que una Imagen tuya estuviera siempre con nosotros y quisieron también darle el nombre más hermoso, el de María de la Caridad, para que todos los miembros de esta gran familia tuviéramos siempre presente cuál es nuestra principal exigencia como cristianos.

Nosotros sabemos bien que Madre sólo hay una y por eso hemos querido venir aquí, ante tus plantas, con lo más valioso que tenemos. Hemos querido que nuestra celebración sea una fiesta en honor tuyo por encima de advocaciones particulares. Por eso estamos aquí, porque en Úbeda, la Virgen,  con mayúsculas, eres Tú Señora. Cada año tenemos el honor de acompañarte en tu romería. Queremos seguir yendo a traerte a este pueblo nuestro que, porque te añora, se ha llenado de imágenes tuyas a las que nuestra piedad ha dado los nombres que son, todos ellos, sinónimos de amor.

Con todos ellos te saludamos en este momento, a Ti que fuiste llevada al cielo y coronada como Reina de todo lo creado, uniendo tus nombres en la letanía más hermosa, para decirte:

Madre de la Caridad.-  R.- Ruega por nosotros.
Madre de Amor.- R.- Ruega por nosotros.
Madre de Gracia.- R.- Ruega por nosotros.
Madre y modelo de Esperanza.- R.- Ruega por nosotros.
Madre del Divino Auxilio.- R.- Ruega por nosotros.
Madre de las Lágrimas.- R.- Ruega por nosotros.
Madre y maestra de Fe.- R.- Ruega por nosotros.
Madre de las Penas.- R.- Ruega por nosotros.
Madre de los Dolores Nazarena.- R.- Ruega por nosotros.
Madre de la Amargura.- R.- Ruega por nosotros.
Madre de los Dolores ante la Cruz de tu Hijo.- R.- Ruega por nosotros.
Madre de las Angustias.- R.- Ruega por nosotros.
Madre de la Soledad.- R.- Ruega por nosotros.
Madre de Nazaret.- R.- Ruega por nosotros.
Madre de la Paz.- R.- Ruega por nosotros.
Madre del Carmelo.- R.- Ruega por nosotros.

Ruega por nosotros, Reina y Madre de Guadalupe, en todas las ocasiones; ayúdanos en nuestras tribulaciones y no permitas que te olvidemos en nuestras alegrías. AMÉN.”

Mientras se iba desgranando la letanía mariana, el Hermano Mayor,  acompañado por su homóloga de la Real Archicofradía, depositaba un centro de flores ante la Virgen de Guadalupe. Al mismo tiempo, cinco hermanos de nuestra Cofradía ofrecían una rosa blanca, signo arquetípico de la pureza, a cada una de las cinco imágenes de la Virgen que se veneran en el templo. Los encargados de hacer estas ofrendas fueron acompañados por los respectivos Hermanos Mayores que se sumaron al acto y entregaron en cada caso la oración que nuestra Cofradía dedicaba especialmente a cada Imagen, como recuerdo.
 
 

Ante Nuestra Señora de los Dolores, de la Cofradía de Jesús Nazareno

“Virgen bendita de la Caridad y Madre de los Dolores Nazarena: A los que por la pasión y muerte de tu Hijo hemos sido reconciliados con el Padre, permítenos, Señora, gozar siempre de tu cercanía y amparo. AMÉN.”

Ante María de Nazaret, de la Cofradía del Santo Entierro y Santo Sepulcro

“María de Nazaret, Virgen de la Caridad bendita: Tú que te mantuviste firmemente junto a Cristo durante toda su vida terrenal, aliéntanos para que sepamos seguir tu ejemplo. Que nuestros brazos estén siempre abiertos,  como los tuyos estuvieron prestos para acoger a tu Hijo. AMÉN.”

Ante Nuestra Señora de la Fe, de la Real Cofradía del Stmo. Cristo de la Humildad

“Madre Nuestra, Maestra de Fe y de Caridad: Danos ánimo para perseverar en nuestra perfección como cristianos por medio del ejercicio de esas dos virtudes y enséñanos a entender la importancia de su presencia en nuestras vidas.  AMÉN.”

Ante Nuestra Señora de la Esperanza, de la Cofradía de la Oración en el Huerto

“Madre de la Esperanza, Virgen de la Caridad: Enséñanos a vivir diariamente nuestra condición de hijos de Dios, con responsabilidad y alegría. Danos esperanza, Madre,  para que sepamos ver más allá de los cálices de dolor que la vida nos presenta. AMÉN.”

Ante Nuestra Señora de Gracia, Titular de la Cofradía del mismo nombre

“Madre de Gracia, Virgen bendita de la Caridad: Sé nuestra roca frente a las tribulaciones, derrama copiosamente sobre nosotros tu protección y mantennos siempre en la amistad del Padre. AMÉN.”

 
 

A estas alturas el ambiente era ya muy emocionante, por eso no extraño a nadie la vibración que se percibía en las palabras del Capellán de la Cofradía y Párroco de San Isidoro, Robustiano Gallego, quien vino a señalar que el mejor ejemplo no está en las palabras sino en el hecho y que el acto que se estaba desarrollando era un ejemplo extraordinario de amor a Jesús y a su Madre. Término su breve discurso con dos potentes vivas, en homenaje a la Virgen de Guadalupe y a la Virgen de la Caridad.

Nuestra Cofradía no quiso marcharse de San Pablo sin dejar dos testimonios de su agradecimiento por la realización de la estación de gloria. Así se hizo por medio de la entrega de dos pergaminos, a la Real Archicofradía y a la Comunidad Parroquial de Santa María y San Pablo.

El pergamino de la Real Archicofradía llevaba el siguiente texto:

“Quede memoria para las futuras generaciones de que el día 19 de junio de 2010, festividad de Santa Aurora, cumplidos 629 años de la aparición de la Bendita Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en el paraje del Gavellar,  la Cofradía de Nuestro Señor en la Columna y María Santísima de la Caridad adoró al Santísimo Sacramento en el templo de San Pablo y veneró a la Bienaventurada Virgen María, ante la  plantas de la excelsa Patrona de la Ciudad de Úbeda, con ocasión de la Procesión extraordinaria celebrada para conmemorar el cincuentenario de la bendición de la Imagen de su Cotitular. LAUS DEO VIRGINEQUE MATRI”

El dedicado a la Parroquia rezaba:

“La Cofradía de Nuestro Señor en la Columna y María Santísima de la Caridad como testimonio de gratitud a la Comunidad Parroquial de Santa María y San Pablo, en la persona del R. P. Don José Araque, por haber acogido la solemne Estación de Gloria de esta corporación en el templo de San Pablo, con ocasión de la Procesión extraordinaria celebrada para conmemorar el cincuentenario de la bendición de la Imagen de nuestra Cotitular.  Úbeda, 19 de junio de 2010. LAUS DEO VIRGINEQUE MATRI”

Una emocionadísima Mariani Redondo agradeció con unas palabras el gesto de nuestra Cofradía y dio paso a la lectura del documento que la Real Archicofradía entregó a nuestra Corporación como recuerdo.

 

Para concluir formalmente la Estación de gloria según lo previsto sólo faltaba la oración que Antonio Rivero elevó, como máximo representante de la Hermandad, ante la Patrona de la Ciudad en acción de gracias y que reproducimos a continuación:

“Señora Nuestra de Guadalupe: Vengo ante tu Imagen en representación de todos mis hermanos para rogarte que nos cuentes siempre entre tus hijos y que nos hagas sentir tu especial protección.  Gracias, celestial Señora, por habernos convocado alrededor tuyo y por haber alentado nuestras esfuerzos para que el aniversario de tu presencia como Cotitular de nuestra Cofradía nos diera la ocasión de expresar, como mejor hemos sabido, cuánto te queremos y lo vital que es tu aliento maternal para nosotros.

Hemos depositado flores ante tu Imagen y  allí donde la hemos encontrado en este templo. Con ellas va lo mejor de nosotros mismos, que te ofrecemos junto con nuestras ansias, nuestros anhelos, nuestros proyectos. Tú nos conoces bien a todos y a cada uno de nosotros; pon en nuestros corazones aquello que necesitemos para mantenernos siempre en tu amor y quita de él lo que nos sobre. Fortalécenos, Madre, en la caridad e intercede por nosotros, y por nuestra hermandad, ante tu Hijo Jesucristo para que sepamos ser dignos de Él. Así sea.”

 
 

Hasta aquí estaba inicialmente previsto que llegara el acto en San Pablo, pero el cariño y la fraternidad de cuatro cofradías propició que tuviera un epílogo más improvisado y también altamente emotivo. En él las Cofradías de Santo Entierro y Santo Sepulcro, la Real Cofradía de la Humildad, la de la Oración en el Huerto y la de la Virgen de Gracia, fueron entregando los presentes que habían preparado. Corbatines y diplomas, que quedarán entre nuestros recuerdos más queridos por ser testimonio de tan señaladas muestras de aprecio; flores para la Madre de la Caridad; que los portadores iban subiendo al trono y colocando cada vez con mayor dificultad; miradas arrobadas ante la belleza de la Señora; abrazos de los Hermanos Mayores al nuestro y palabras de afecto. Un Ave María y una oración común que mencionaba a las Titulares de todas las cofradías presentes, improvisada sobre la base de las que figuran más arriba, pusieron fin a estos saludos.

 

 

 

 
 

Para el inicio del camino de salida del templo nuestra Cofradía guardaba una nueva sorpresa. Mientras la comitiva iba saliendo y las representaciones de las hermandades asistentes avanzaban para dejar sitio suficiente al movimiento del trono comenzaron a sonar las notas de la marcha “VI Centenario”, compuesta por Manuel A. Herrera en 1980 en honor de la Virgen de Guadalupe. Si a estas alturas quedaba algún lagrimal que permaneciera incólume, a partir de aquí ya resultó imposible.

Los portadores, con un paso muy corto, fueron llegando hasta la Puerta de los Carpinteros, mientras las representaciones se situaban fuera para despedir a la Virgen de la Caridad. El espectáculo ofrecido por la Virgen de la Caridad en movimiento avanzando por el pasillo central de  la nave principal del templo, a los sones de la marcha de Herrera, con las nervaduras de las bóvedas del ábside al fondo, era sencillamente un sueño.

 

 

Al salir por la Puerta la Señora, sonó por última vez en esa noche su marcha oficial, mientras las campanas prorrumpían nuevamente en tañidos de júbilo en su honor. Allí se despidieron de Ella las Cofradías de la Parroquia. La Real Archicofradía lo hizo poco después, desde las gradas de la Puerta de la Coronación de María.

La Reina de la Caridad iniciaba de este modo su camino de vuelta hacia San Isidoro.

 
 

Texto: Bartolomé José Martínez García

Fotos: Eugenio Santa Bárbara