Marcha fúnebre, compuesta por D. José Cristino Franco Ribate en 1950, fundador y profesor de armonía del Conservatorio Vizcaíno de Música.
El compositor no pudo llevar a cabo la instrumentación para banda de la marcha, debido a su estado de salud, por lo que a la Cofradía llegó una reducción para piano de la misma.
Sería el por entonces director de la banda de Úbeda, D. Emilio Sánchez Plaza, el encargado de realizar la instrumentación de la obra. Siendo artífice en gran parte de la marcha tal y como hoy la conocemos.
En el año 2000 con motivo del 75 aniversario de la fundación de la Cofradía, D. Eduardo Córcoles, profesor de armonía del Real Conservatorio de Música de Madrid, realizó una orquestación de la partitura que fue estrenada por la orquesta Castellnuovo Tedesco, en el Auditorio del Hospital de Santiago, durante el concierto extraordinario que con motivo de ese 75 aniversario se celebró. Igualmente se interpretó durante la fiesta principal de ese año.
Consta la marcha de tres temas bien diferenciados. Comienza en modo menor con una melodía de carácter fúnebre en piano. El Jueves Santo, en el momento de la salida de Nuestro Señor en la Columna por la puerta sur de San Isidoro, estos primeros compases forman una amalgama con el abundante incienso, impregnando el ambiente y creando una atmósfera muy especial. Esta primera melodía se verá interrumpida por la intervención de los metales y la percusión en fuerte, un trasunto musical del flagelo que rasga las nubes de incienso golpeando la espalda de Jesús.
El segundo tema, vigoroso y rítmico es anunciado por los metales. Ambos temas se irán repitiendo e intercalándose para desembocar en una modulación a modo mayor.
La llamada de trompeta, que parece a un tiempo epílogo del martirio y toque de atención para el oyente, es ejecutada sobre una misma nota y nos conduce al trío, en el que se desarrolla el tercer tema con una melodía suave en modo mayor. La música evoca ahora un cierto sosiego después del escarnio e invita a reflexionar sobre la entrega de Cristo.
Marcha compuesta en 1967 por D. Manuel A. Herrera Moya, uno de los más prolíficos compositores de marchas procesionales en la Semana Santa de Úbeda.
Es ésta una de sus primeras composiciones dedicadas a las advocaciones marianas de la ciudad.
Marcha de concepción técnica, comienza con una introducción a modo de llamada de los metales en fuerte, con redoble de percusión, que nos conduce al desarrollo del primer tema.
Éste se inicia con una melodía fúnebre y sosegada, en modo menor, contestada de forma enérgica por metales y maderas con redoble de percusión. Pregunta y respuesta se alternan un par de veces.
El comienzo de esta marcha es, en cierto modo, la antítesis de la marcha Desconsuelo, en la cual se nos invita a la contemplación de la mansedumbre de Cristo, mientras que aquí se trasmite la desesperación de María impotente ante la magnitud de la infamia.
Un segundo tema, de carácter más enérgico y despiadado es interpretado por los metales. En él se refleja el suplicio de la flagelación. Las maderas en registros medios y agudos realizan cromatismos mediante acordes de séptima disminuida sucesivos, recordándonos el sufrimiento de la Madre.
Una modulación a modo mayor, dará paso a un primer “coral” interpretado por los metales en fuerte, repitiendo éste con el acompañamiento de las maderas. Tras una transición, entra un nuevo “coral”, esta vez más sosegado y tranquilo, e interpretado ahora por las maderas y respondido por toda la banda junto con un redoble de percusión.
Tras los corales llega el trío de carácter sereno, templado y melancólico que refleja la quietud tras el martirio sufrido.
Caridad, es la marcha que se interpreta cuando la Señora hace acto de presencia en pos de su Hijo, bajo el arco ojival de la iglesia parroquial de San Isidoro cada Jueves Santo.
Marcha realizada por D. Luís Miguel Cobo Navarro en 1996, hermano de la Cofradía. Es hasta el momento su única composición para la Semana Santa de Úbeda.
En cuanto a su planteamiento es una marcha que se sale de la exposición tradicional. Tiene un carácter melancólico y romántico, pudiéndose distinguir tres temas claramente diferenciados.
El primer tema de carácter fúnebre y tranquilo es introducido por las maderas, incrementándose progresivamente la instrumentación con agudos y metales para llegar a un fuerte. En modo menor va progresando la melodía hasta ser revestida con un primer contrapunto de los metales y, más tarde, con un segundo contrapunto realizado por tenores y bombardinos.
Con una modulación a modo mayor, a través del acorde de séptima de dominante, comienza un segundo tema más efusivo que nos conducirá hasta el trío
De nuevo la séptima de dominante, provocará una nueva modulación esta vez a modo menor, llevándonos a un trío con matices contrastados en fuerte y piano con cierto carácter nostálgico.
Con la composición de esta marcha, la Cofradía de Nuestro Señor en la Columna y María Santísima de la Caridad, fue una de las primeras hermandades de Úbeda en poseer tres marchas en propiedad. Es interpretada durante el itinerario de la Cofradía cada Jueves Santo.
Marcha lenta compuesta por D. Francisco José Moro Herrador en 2004. Nacido en Madrid, de cuna ubetense, hermano de la Cofradía y portador. Realiza sus estudios musicales en Madrid y Murcia. En la actualidad forma parte, como suboficial, de la Unidad de Música del Mando Aéreo General.
La narración musical ambientada en el marco de la Semana Santa de Úbeda, si bien tiene como eje la flagelación de Nuestro Señor Jesucristo, refiere otras escenas de su Pasión y acaba con una llamada a la esperanza de la Resurrección.
Se inicia la marcha con una melodía tenue de carácter fúnebre, acompañada por golpes de campana. Reflejando esta introducción la noche eucarística y la madrugada orante de Jesús en el huerto de los olivos.
Continúa el desarrollo de este primer tema incrementándose progresivamente la intensidad y la instrumentación. La irrupción de los enviados de Caifás y el prendimiento del Maestro en Getsemaní se refieren con la intervención de los metales.
Tras esta introducción aparece un segundo tema. A una melodía central desarrollada por los instrumentos de viento madera, se van añadiendo otras líneas melódicas realizadas por maderas agudas en un principio y el contrapunto de los metales más tarde, escenificando con estas preguntas y respuestas el juicio y sentencia de Cristo.
La dilatación de los valores rítmicos en la finalización de este segundo tema nos conducirá a un tema central o tercer tema. Una melodía rítmica con evocaciones romanas, llevada a cabo por los metales y el ritmo enérgico marcado por las maderas y la percusión, narran la flagelación de Nuestro Señor atado a la columna.
Con una breve reexposición del primer tema, vuelven la oscuridad y la tristeza; pero esta vez para representar las tinieblas que siguen a la crucifixión y muerte del Mesías.
Una modulación a Fa mayor nos interna en el trío. La dulce melodía final, manifiesta la caridad que Él demostró con su sacrificio para que todos nos salvásemos. La repetición de este motivo ya en fuerte y con el acompañamiento en forma de llamada de los metales, simboliza ahora la alegría honda y trascendente por el misterio de la Resurrección.
El título de la marcha, Divino Silencio, es una expresión vinculada de forma íntima a la Cofradía, pues forma parte de las jaculatorias a Nuestro Señor de la Columna:
“Por vuestros crueles azotes”.
“Misericordia, Señor, misericordia”.
“Por vuestro divino silencio”.
“Misericordia, Señor, misericordia”.
“Por vuestro doloroso escarnio”.
“Misericordia, Señor, misericordia”.
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